La primera empresa que todos creamos a los 5 años y que luego olvidamos

La definición más simple de emprendedor la da wikipedia y dice: aquella persona que enfrenta con resolución acciones difíciles.  Más adelante agrega “se refiere a quien identifica una oportunidad y organiza los recursos necesarios para ponerla en marcha”.

Pues bien, mi hija que próximamente cumplirá los cinco años y no ha recibido formación en empresariales, ya ha desarrollado la capacidad de identificar si es conveniente un momento y lugar  (eso es la oportunidad) y determinar que hay disponible (eso son los recursos) para decidir o no, tratar un tema.  Y no es que no haga “pataletas”, sino que cuando algo es de su interés, se concentra en ello y tiene capacidad de enfrentarse a la situación y resolverla.  Evidentemente, todo a su escala y su edad.

Y no es que mi hija tenga ningún dote especial en relación a este tema.  No, ella cuenta con las mismas capacidades que tiene cualquier niño de su edad, que se comportaría de la misma forma que ella, con la misma curiosidad por el entorno y sin ningún paradigma preestablecido.

De verdad, no lo digo en broma, sino con una convicción total: todos tenemos la capacidad innata para identificar oportunidades y organizar recursos.

Evidentemente cada cosa tiene su grado de complejidad y gestionar la complejidad requiere preparación.  No obstante, creo que somos nosotros mismos quienes nos cortamos las alas y peor aún, se las cortamos a nuestros hijos.

Los defensores de la programación neurolingüistica (PNL), exponen la idea de que hay tres elementos que constituyen la conducta humana: el sistema nervioso, el lenguaje y el comportamiento.

Me quiero centrar en el tema del comportamiento, esa manera consciente o no, en la que respondemos a nuestro entorno.  Es posible que el entorno nos aporte oportunidades y recursos pero, que hayamos perdido la capacidad de identificar las oportunidades y gestionar los recursos.  .

Volviendo a la PNL, explican que el proceso de aprendizaje tiene cuatro etapas:

1. Incompetencia inconsciente: no saber ni el qué ni el cómo

2. Incompetencia consciente: saber el qué pero no el cómo

3. Competencia consciente: saber el qué y el cómo pero pendiente del proceso

4. Competencia inconsciente: saber el qué, el cómo sin estar pendiente del proceso

El ejemplo típico es el que no sabe qué es un vehículo ni sabe cómo se se conduce (competencia inconsciente).  Luego ya te explican qué es un vehículo y para qué sirve, pero sigues sin saber cómo se conduce, eres incompetente para esa tarea y lo sabes (incompetencia consciente).

Cuando llega el momento que aprendes a conducir pues bien, llegas al nivel de competencia consciente pero sigue siendo un proceso de alguna manera ajeno a ti, en el cual debes estar muy pendiente de los mandos, controles, embrague, etc.

Solo con la experiencia a través del tiempo, consigues llegar al nivel de competencia inconsciente, que te permite disfrutar de una conducción sin tensiones.

¿Y qué tiene que ver esto con la capacidad emprendedora? Todo.  Un estudio de la Universidad de Sussex en el Reino Unido, afirma que los niños que oyen muchas veces el mismo cuento aprenden más.  Esto es porque la primera vez solo comprenden la historia, la segunda vez aprecian la percepción de los detalles, y así progresivamente.  Y  creo que aplica para todo y la afirmación ya es correcta, aprenden más, pero más, necesariamente no es mejor.

Lo anterior no significa que no hay que repetir el cuento, sino que hay que tener mucho cuidado con el cuento que se repite.

Y si el cuento que se repite es que el dinero no crece en los árboles, que los empresarios son unos corruptos y que los emprendedores son unos frikis y soñadores, pues es muy probable que acabemos con la lección muy asimilada,  llegando a un punto parecido al de la competencia inconsciente, que no es malo, pero que no nos permite avanzar.

No se trata de negar la verdad, claro que hay  empresarios que actúan de mala fe, pero no son la mayoría.  Claro que el dinero hay que trabajarlo y no crece en los árboles, pero no hay que vender la idea de que tú nunca lo obtendrás.  Y claro que quien emprende, fracasa primero mil veces, pero lo cierto es que el único que no fracasa, es quien nunca hace nada.

Cuando tenemos cinco años y tenemos la capacidad de fijar nuestros primeros recuerdos, todos montamos por obligación nuestra primera empresa: la vida, nuestra propia vida.  Luego lo olvidamos, pero lo cierto es que para poder vivir, hace falta ser un poco emprendedor.

Mañana publicaré el post relacionado al segundo capítulo: Sueños, metas y objetivos.

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